Enrique Urbizu ha dejado de ser el mejor director de películas desconocidas de España. Cineasta de larga y poco prolífica trayectoria (apenas suma ocho producciones en casi veinte años), los Goya de 2012 le van a dar el empujón necesario para reivindicar el cine que lleva dentro. ‘No habrá paz para los malvados’ supone la cima y escribe la sinopsis ideal a su carrera. Urbizu hace películas con el cuchillo entre los dientes. Asfixia al espectador, lo introduce en atmósferas turbias, en las cloacas del sistema, lanza diálogos secos, fríos y cortantes. Su cine es oscuro y turbio, con la singularidad de reflejar mejor que nadie el deprimente aquí y ahora del país. Urbizu ofrece el protagonismo a personajes que sin saberlo agonizan, a la espera de un rescate que no llegará. En ‘No habrá paz para los malvados’ el bilbaíno dejó en manos de José Coronado, como ya hiciera en ‘La caja 507’, un antihéroe de los que se quedan y no se marchan en mucho tiempo. Santos Trinidad ya está dentro de la galería de oro del cine español. Los Goya lo supieron ver, al mismo tiempo que descubrían para el gran público al único director capaz de deslizarse por temas tan dolorosos como el 11-M o las mafias de la Costa del Sol y salir del desafío sin un rasguño. El dolor se lo deja a sus personajes. Una mirada a la realidad fílmica contemporánea desde Cracovia. IV Curso de cine del IC Cracovia
jueves, 23 de febrero de 2012
LOS GOYA 2012 CORONAN A 'NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS'
Enrique Urbizu ha dejado de ser el mejor director de películas desconocidas de España. Cineasta de larga y poco prolífica trayectoria (apenas suma ocho producciones en casi veinte años), los Goya de 2012 le van a dar el empujón necesario para reivindicar el cine que lleva dentro. ‘No habrá paz para los malvados’ supone la cima y escribe la sinopsis ideal a su carrera. Urbizu hace películas con el cuchillo entre los dientes. Asfixia al espectador, lo introduce en atmósferas turbias, en las cloacas del sistema, lanza diálogos secos, fríos y cortantes. Su cine es oscuro y turbio, con la singularidad de reflejar mejor que nadie el deprimente aquí y ahora del país. Urbizu ofrece el protagonismo a personajes que sin saberlo agonizan, a la espera de un rescate que no llegará. En ‘No habrá paz para los malvados’ el bilbaíno dejó en manos de José Coronado, como ya hiciera en ‘La caja 507’, un antihéroe de los que se quedan y no se marchan en mucho tiempo. Santos Trinidad ya está dentro de la galería de oro del cine español. Los Goya lo supieron ver, al mismo tiempo que descubrían para el gran público al único director capaz de deslizarse por temas tan dolorosos como el 11-M o las mafias de la Costa del Sol y salir del desafío sin un rasguño. El dolor se lo deja a sus personajes.
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