jueves, 23 de febrero de 2012

LOS GOYA 2012 CORONAN A 'NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS'

Enrique Urbizu ha dejado de ser el mejor director de películas desconocidas de España. Cineasta de larga y poco prolífica trayectoria (apenas suma ocho producciones en casi veinte años), los Goya de 2012 le van a dar el empujón necesario para reivindicar el cine que lleva dentro. ‘No habrá paz para los malvados’ supone la cima y escribe la sinopsis ideal a su carrera. Urbizu hace películas con el cuchillo entre los dientes. Asfixia al espectador, lo introduce en atmósferas turbias, en las cloacas del sistema, lanza diálogos secos, fríos y cortantes. Su cine es oscuro y turbio, con la singularidad de reflejar mejor que nadie el deprimente aquí y ahora del país. Urbizu ofrece el protagonismo a personajes que sin saberlo agonizan, a la espera de un rescate que no llegará. En ‘No habrá paz para los malvados’ el bilbaíno dejó en manos de José Coronado, como ya hiciera en ‘La caja 507’, un antihéroe de los que se quedan y no se marchan en mucho tiempo. Santos Trinidad ya está dentro de la galería de oro del cine español. Los Goya lo supieron ver, al mismo tiempo que descubrían para el gran público al único director capaz de deslizarse por temas tan dolorosos como el 11-M o las mafias de la Costa del Sol y salir del desafío sin un rasguño. El dolor se lo deja a sus personajes.

domingo, 12 de febrero de 2012

'LA PIEL QUE HABITO'. El autor caníbal

Dejo aquí una crítica a la última película de Pedro Almodóvar, 'La piel que habito' (2011):

Pedro Almodóvar es un caso único, algo que ya no admite dudas. Es en sí mismo un género, perfectamente reconocible y al que el propio cineasta no renuncia aunque siga dando muestras de querer recorrer otras vías, de tomar unos riesgos que con una carrera consolidada por completo podría obviar. ‘La piel que habito’ es otra demostración de que su figura, estilo y todo lo que arrastra se coloca varios pisos por encima de lo que cuenta. Hay una inequívoca intención a lo largo del metraje de este desconcertante filme de dejar una huella que huela, se abra paso y se quede. Incluso cuando la historia, un frío y desapasionado drama bien masticable aunque olvidable casi al instante, no lo pide, Almodóvar firma secuencias, planos y líneas de diálogo que dejan su impronta. Es ‘La piel que habito’ así otro ejercicio autoral propio del manchego, aunque en esta ocasión descarte la comedia (no el disparate) y apueste por la grisura, la falta de sentimiento y los personajes movidos por las acciones y no por las emociones.

‘La piel que habito’ lleva de inicio al espectador de la mano. Va presentando con exasperante lentitud personajes y situaciones hasta que el puzle queda formado llegado el ecuador. Un largo flash-back se adueña entonces de la escena, como una telaraña de la que ya no se puede escapar, y la película muta en lo que realmente es, un contenido drama poco creíble y al servicio de las formas por el que se pasean temas como la venganza, la identidad sexual y la descomposición del núcleo familiar. Nada nuevo en el universo de Almodóvar, que conforma con ‘La piel que habito’ otro ejercicio de estilo que sabe canibalizar a su manera, perdida ya toda frescura e irreverencia del antes -como evidenció en ‘Los abrazos rotos’-, genial a cuentagotas –hay, como mínimo, un par de imágenes poderosas que golpean la retina- y que levantará tantas pasiones como indiferencia.