En este agosto caluroso permanecen en cartel en los cines españoles dos películas argentinas, ‘La mirada invisible’ y ‘El hombre de al lado’. Hay que detenerse en esta última, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, valorada como la mejor película de este país en 2010, tanto por los premios nacionales como los recibidos en festivales internacionales de prestigio (Sundance).
‘El hombre de al lado’ relata la relación que se establece entre dos vecinos antagónicos. La cámara se centra en Leonardo, un prestigioso diseñador de interiores que vive con su familia en una casa de lujo en Buenos Aires. Víctor habita un humilde piso cercano. Es un vendedor de coches usados que decide hacer una ventana para que entre más luz en su vivienda. Esta decisión les hará entrar en conflicto y revelará la personalidad que ocultan más allá de las máscaras, las diferencias sociales y los prejuicios.
La película se configura así como un duelo entre dos actores, magníficamente respaldado por un guión de aroma teatral, con diálogos rápidos y creíbles y que solo decae al final, excesivamente tremendista. Pero si algo destaca en ‘El hombre de al lado’, filme inclasificable que va desde la comedia al drama, es la rara habilidad de generar en el espectador una absoluta antipatía hacia el protagonista. Leonardo es sin duda uno de los personajes principales más odiosos que se recuerden en los últimos tiempos. Un villano sin pretensiones de serlo y que lo consigue, como tantos, siendo como es.
‘El hombre de al lado’ relata la relación que se establece entre dos vecinos antagónicos. La cámara se centra en Leonardo, un prestigioso diseñador de interiores que vive con su familia en una casa de lujo en Buenos Aires. Víctor habita un humilde piso cercano. Es un vendedor de coches usados que decide hacer una ventana para que entre más luz en su vivienda. Esta decisión les hará entrar en conflicto y revelará la personalidad que ocultan más allá de las máscaras, las diferencias sociales y los prejuicios.
La película se configura así como un duelo entre dos actores, magníficamente respaldado por un guión de aroma teatral, con diálogos rápidos y creíbles y que solo decae al final, excesivamente tremendista. Pero si algo destaca en ‘El hombre de al lado’, filme inclasificable que va desde la comedia al drama, es la rara habilidad de generar en el espectador una absoluta antipatía hacia el protagonista. Leonardo es sin duda uno de los personajes principales más odiosos que se recuerden en los últimos tiempos. Un villano sin pretensiones de serlo y que lo consigue, como tantos, siendo como es.
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